martes, 18 de enero de 2011

El día que nació Adrián

Ésta vez tanto Paco como yo lo tenemos claro, vamos a hacerlo todo por la Seguridad Social. Debo decir que en mi anterior embarazo pude disponer del mismo ginecólogo hasta el final del proceso, gracias a mi seguro de Sanitas, e incluso habitación para compartir con mi marido los 3 días que estuvimos en la clínica Gálvez (Málaga), donde se portaron de fábula con nosotros (es de bien nacido ser agradecido); mi cuñada Maribel sabe de lo que hablo.Fuí a monitores la mañana de un  26 de octubre de 2005 (miércoles) en la clínica Gutenberg-Málaga (donde pasaba consulta D. Alejandro Azumendi, una bendición de ginecólogo). Como el niño venía muy grande me recomendó un parto inducido, de lo contrario, si esperábamos al 10 de noviembre (fecha inicial de parto) tendrían que practicarme una cesárea. Nos pusimos en sus manos, y a eso de las 12 de la mañana, nos encaminamos hacia Gálvez  (neceser y fin de semana en mano) para comenzar la dilatación programada.... Una vez instalada, con el camisón puesto y una sonrisa de oreja a oreja (ya que yo no tenía molestias de ningún tipo), me empezaron a administrar prostaglandinas por vía oral cada media hora.......a eso de las tres de la tarde, Paco bajó a comer algo, y con las prisas se metió en el primer bar que encontró. Allí olía a fritanga, se ve que no cambiaban con mucha asiduidad el aceite de las freidoras, pero mi marido se armó de valor y pidió algo rápido para comer (un calzone con patatas fritas) eso sí, le sentó como un tiro....yo, mientras, daba paseitos por los pasillos cercanos a mi habitación (302), tomándome las pastillas según me había indicado la enfermera....Rondando las cinco de la tarde, me bajaron a la sala de partos y estuve con Paco metida en una sala de dilatación donde había unas barras de acero colgadas horizontalmente de la pared (¿para qué servirán? me pregunté), algunas contracciones más adelante, pude comprobar la función de aquellas barras....alrededor de las 6 se acercó una matrona con una ballesta muy larga en la mano, y no, no iba a hacer un salto de pértiga sobre la cama, me introdujo aquello y rompió la bolsa de las aguas....choffff, qué sensación más extraña!De vez en cuando venía un médico para ver cuánto había dilatado...muy cerca de las ocho de la tarde firmé, temblorosa, la autorización de la epidural, me bajaron de la cama (entre dolorosas contracciones) y me trasladaron al quirófano. El anestesista (muy guapo, por cierto), me puso la epidural, apareció D. Alejandro por la puerta y con dos o tres empujones Adrián vino al mundo a las ocho de la tarde. Dejadme que os cuente que tuve unas sensaciones estupendas cuando me pusieron la epidural, una gran calma y felicidad.....y encima, mi marido estaba compartiendo conmigo ese momento tan especial que no es comparable a nada en este mundo...snif...

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